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Grados y características de la microtia
Esta condición congénita se clasifica en cuatro grados, según la clasificación de Hunter basada en la forma y el desarrollo del pabellón auricular y conducto auditivo externo. El grado I presenta alteraciones leves y conserva gran parte de la estructura de la oreja; en el grado II, algunas de sus partes están poco desarrolladas o ausentes. El grado III, considerado el más frecuente, se caracteriza por un pequeño remanente de tejido y cartílago con una forma similar a la de un cacahuate. Por su parte, el grado IV, conocido como anotia, corresponde a la ausencia total del oído externo. Sin embargo, el grado de la malformación no determina por sí solo la capacidad auditiva.
En algunos casos, esta característica congénita se presenta junto con atresia aural, una malformación congénita en la que el conducto auditivo externo no se desarrolla correctamente o está ausente. Esto dificulta la transmisión del sonido hacia el oído interno. Durante la infancia, la audición es fundamental para adquirir el lenguaje, comprender instrucciones y participar en las actividades escolares. Por ello, las dificultades para seguir conversaciones o intervenir en clase requieren vigilancia, ya que en ocasiones se confunden con falta de atención o problemas de aprendizaje.
El impacto también cambia con la edad
Durante la etapa escolar, las diferencias físicas y las dificultades para comunicarse pueden generar inseguridad o aislamiento. En la adolescencia, la apariencia y la aceptación social adquieren mayor importancia, mientras que en la edad adulta estas experiencias también llegan a influir en la confianza al relacionarse con otras personas. El acompañamiento familiar, médico y psicológico ayuda a abordar tanto las necesidades auditivas como las emocionales.
Según la Secretaría de Salud, alrededor de 2.3 millones de personas viven con discapacidad auditiva en México y entre 2,000 y 4,000 bebés nacen con sordera congénita. Aunque estas cifras no corresponden exclusivamente a personas con microtia, muestran la relevancia de la atención auditiva en el país. En quienes presentan esta malformación, una evaluación especializada permite conocer el tipo de pérdida auditiva y determinar qué tratamiento resulta más adecuado.
Entre las opciones disponibles se encuentran diversas soluciones auditivas austriacas, como los sistemas activos de conducción ósea, que transmiten el sonido mediante vibraciones a través del hueso hasta el oído interno, sin necesidad de utilizar el conducto auditivo externo. Estos sistemas ofrecen conectividad desde el procesador de audio con dispositivos multimedia y compatibilidad con estudios de resonancia magnética bajo condiciones específicas.
Además, hoy esa tecnología austriaca cuenta con dispositivos no implantables de conducción ósea que superan la ganancia auditiva de otros sistemas convencionales y amplían las opciones de candidatura para las personas con este tipo de patologías. La elección depende de las características anatómicas y auditivas, la edad, las necesidades del paciente y la valoración del especialista.
La reconstrucción del pabellón auricular es otra alternativa para algunas personas. Entre las técnicas disponibles se encuentran las que utilizan tejido del propio paciente para reconstruir la oreja. Este procedimiento responde a una finalidad estética, mientras que la rehabilitación auditiva busca mejorar el acceso al sonido. Ambas necesidades requieren una evaluación específica y no necesariamente se resuelven mediante el mismo tratamiento.
La historia del Dr. Juan Pablo Alejandro Valadez Murillo, audiólogo y mentor de MED-EL México, permite conocer de cerca el impacto que una solución auditiva puede tener en la vida cotidiana. Desde la infancia vive con microtia bilateral e hipoacusia congénita y encontró en la conducción ósea una alternativa que cambió su experiencia con los sonidos y su manera de comunicarse con los demás.
“Soy una persona con microtia bilateral e hipoacusia congénita. Durante mi infancia enfrenté distintas inseguridades relacionadas con mi condición y, aunque recibí varias cirugías reconstructivas del oído externo, todavía tenía retos importantes en mi experiencia auditiva. A lo largo de mi vida, he conocido y utilizado soluciones auditivas de conducción ósea, tanto no implantables como implantables, que han formado parte de mi experiencia con la audición. Esto me ha permitido comprender de primera mano la importancia de contar con alternativas que respondan a las necesidades particulares de cada paciente. Actualmente, cuento con un implante activo de conducción ósea totalmente subcutáneo, que ha contribuido a mejorar mi calidad de vida y mi desempeño profesional como médico audiólogo”.
Desde su experiencia, el Dr. Juan Pablo Valadez también señala que la elección del tratamiento debe responder a las características de cada caso. “La evolución de las soluciones auditivas ha ampliado las alternativas para las personas con microtia y otros tipos de hipoacusia. Hoy contamos con tecnologías que buscan ofrecer una experiencia auditiva más funcional y adaptada a las actividades cotidianas de cada persona. Estos avances representan una oportunidad para seguir mejorando la atención auditiva y el acceso a quienes las necesitan”, añade.
Conocer las características de la microtia y las opciones de atención disponibles permite a las familias tomar decisiones con información médica y audiológica. La detección temprana es especialmente importante durante la infancia, cuando el acceso al sonido influye en el aprendizaje del lenguaje y la comunicación. Por ello, la atención debe considerar tanto las características del oído como las necesidades auditivas de cada persona.
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