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A nivel global, ocupa el noveno lugar en incidencia, de acuerdo con la Sociedad Americana del Cáncer su presencia es más común en hombres (alrededor del 75% de los casos) y su incidencia aumenta significativamente después de los 60 años. Tan solo en 2022, se registraron más de 614 mil nuevos casos y más de 220 mil muertes en el mundo. En México, ese mismo año, se reportaron 3,814 diagnósticos y 1,404 fallecimientos.
Pero más allá de las cifras, el verdadero desafío está en reconocer sus señales.
El síntoma más frecuente es la hematuria (presencia de sangre en la orina), que puede aparecer sin dolor y desaparecer de forma intermitente, lo que lleva a muchas personas a ignorarla o atribuirla a infecciones urinarias o cálculos. Sin embargo, este signo—aunque sutil— puede ser la primera alerta.
Otros cambios también merecen atención son:
- Variaciones en el color de la orina
- Ardor o dolor al orinar
- Aumento en la frecuencia urinaria
- Dificultad para hacerlo
- Sensación de no vaciar completamente la vejiga.
En ocasiones, estos síntomas pueden persistir durante semanas o meses. “Muchos pacientes atribuyen estos síntomas a infecciones o al envejecimiento. Sin embargo, reconocer a tiempo puede cambiar radicalmente el pronóstico”, señala el doctor Hugo Barreto.
La detección temprana facilita el tratamiento y puede elevar la tasa de supervivencia a cinco años hasta un 98%. De ahí la importancia de estar pendientes a posibles señales de alerta, aunque leves, podrían ser relevantes.
En cuanto a los factores de riesgo, el tabaquismo encabeza la lista ya que se asocia a cerca del 50% de los casos. Las sustancias tóxicas del tabaco se concentran en la orina y dañan directamente el revestimiento de la vejiga.
A esto se suman otros factores como:
- Exposición prolongada a químicos industriales (aromáticos, colorantes, etc)
- Infecciones urinarias recurrentes
- Inflamación crónica de la vejiga
Antecedentes de radioterapia pélvica
- Condiciones genéticas como el síndrome de Lynch
“Dejar de fumar es una de las medidas preventivas más efectivas para reducir el riesgo de cáncer de vejiga. Evitarlo es una de las decisiones más importantes para reducir el riesgo”, añade el especialista Hugo Barreto.
El diagnóstico se basa en la evaluación clínica de los síntomas, complementada con estudios de laboratorio e imagen que permiten confirmar la presencia de la enfermedad y determinar su alcance.
Atender cualquier cambio en los hábitos urinarios, por mínimos que parezcan, puede marcar la diferencia. Ante la presencia de sangre en la orina o síntomas persistentes, consulte inmediatamente a un urólogo. La detección oportuna transforma un diagnóstico temido en una enfermedad altamente manejable.
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