En 2026, el robo de mercancías dejó de ser un incidente para ser una condición de diseño logístico: define por dónde se mueve la carga, a qué hora sale, cuánto tiempo puede detenerse y qué tan cerca del cliente final debe mantenerse el inventario. La seguridad, en otras palabras, se convirtió en una variable logística.
“La seguridad es uno de los temas prioritarios que atender para el sector. Cuando el riesgo se vuelve predecible en patrones, este deja de ser un factor reactivo y se vuelve parte del diseño operativo. En México, eso ya está ocurriendo”, afirma Ilan Epelbaum, Director General de Mail Boxes Etc. México.
El especialista observa que las decisiones ya no se toman solo con base en costo o distancia. Hoy pesan más factores como la exposición por corredor, la ventana horaria y la posibilidad de desvío. Y ese cambio no es anecdótico: tiene sustento en los datos.
Desde el frente institucional, las cifras oficiales indican que el robo a transportista se mantiene como uno de los delitos con mayor recurrencia y atención por parte de las autoridades.
Esto se refleja en los datos de la aseguradora TT Club y la consultora BSI, quienes en un estudio revelan que el 28% de los reclamos globales registrados por la firma en 2025 ocurrieron en México y que 94% de los incidentes está vinculado al transporte por carretera, lo que explica por qué el diseño de ruta se volvió tan crítico.
Cuando esa información se cruza con inteligencia operativa del sector, el impacto logístico se vuelve más claro. Un reporte de Overhaul para el segundo trimestre de 2025 muestra que 87.6% de los incidentes se concentraron en 10 entidades, con Puebla (23.5%) y Estado de México (20.0%) acumulando 43.5% del total nacional.
El “cuándo” también importa. El mismo reporte identifica que 55% de los robos ocurre entre las 6:00 PM y las 6:00 AM, y que 27% se concentra entre 3:00 AM y 7:00 AM, una franja crítica para reabasto y salidas tempranas.
Para Ilan Epelbaum, es urgente que esa información se traduzca en ajustes inmediatos: ventanas de salida más cortas, menos paradas y mayor coordinación en tramos sensibles.
“Para el sector logístico mexicano, el impacto va más allá de la pérdida directa de mercancía. Se refleja en costos operativos acumulados: desvíos, custodia, reprogramaciones, presión sobre inventarios y ajustes en promesas de entrega. No sorprende que los productos más robados sean los de alta rotación, como alimentos y bebidas, que requieren continuidad y rapidez en la cadena”, señala
Por eso el 2026 consolida un cambio de paradigma. Las empresas que mejor están navegando este entorno no son las que reaccionan después del incidente, sino las que incorporan el riesgo desde el diseño.
El mensaje de fondo es claro: el robo de carga seguirá siendo un reto de seguridad pública, pero para la logística mexicana ya es, y seguirá siendo, un factor clave para mantener la competitividad. Quien diseñe su operación considerando estos patrones podrá mantener continuidad y cumplimiento; quien no lo haga, seguirá operando bajo presión constante.
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