¡Gil Mora, chiapaneco!
(Pablo Salazar Mendiguchía, exgobernador de Chiapas)
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. 04 de Julio del 2026 (muralchiapas.com).- Cuando en 2002 convencí a Alejandro Burillo de traer a Chiapas una franquicia de Primera División —que a la postre se llamaría Jaguares de Chiapas— dije que “más que un proyecto deportivo, es un proyecto de vida.”
Sufrimos. Sufrimos mucho en aquella primera temporada, hasta llegar a la última fecha con el descenso respirándonos en la nuca.
Y cuando ya todo parecía perdido, cuando el silencio empezaba a pesar más que la esperanza, apareció Gilberto Mora Olayo.
Una pierna educada, un golazo de antología, y Chiapas se quedó en Primera División.
Al día siguiente, como gobernador, lo recibí en Palacio de Gobierno para agradecerle, a nombre de toda nuestra afición, ese gol que nos salvó la vida.
Hoy, 24 años después, vuelvo a deberle algo a Gil Mora.
Y no es solo aquel instante eterno: es que decidió quedarse a vivir en Tuxtla Gutiérrez, que aquí echó raíz, que aquí amó, y que de esa entrega nació —en nuestro bendito Chiapas— un genio que hoy tiene en vilo al futbol mexicano.
Porque en Tuxtla conoció a Carolina Zambrano Hernández, maquillista de profesión, con quien tiene tres hijos: Camila, Gilberto y Bárbara; en ese orden.
Los abuelos maternos de Gil son del municipio más basquetbolero de Chiapas: Coita.
Tan famoso por una frase que nació de una contienda deportiva y que hoy se usa en todo el estado: "Calma Coita, que vamos ganando".
El presente y el futuro de México se llaman, también, Gilberto Mora.
Gracias, Gil Mora Olayo, por darnos a este muchacho que a sus 17 años ya deslumbra al mundo entero.
Gracias por quedarte, por echar raíz, por regalarle a Chiapas —sin saberlo entonces— el nombre que hoy corre en la boca de todo un país.
Y qué honor, qué orgullo, que Morita se sienta chiapaneco hasta la médula.
Con sus grandezas y sus miserias, ¡que viva el futbol, que viva la vida!
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