A cinco años de su muerte, el obispo Samuel Ruiz García es reconocido por lo que fue; el gran defensor de los indígenas. Aterrizó en Chiapas la llamada “Teología de la Liberación” y ese es su legado. La lucha emprendida por el prelado en las comunidades indígenas de Chiapas, es una semilla ahora que empezará a dar frutos. Ese legado no ha muerto, a pesar de la denostación que sufrió en vida y después de su muerte Samuel Ruiz García.
Sin duda el mensaje fue puesto en la mesa por el Papa Francisco, quien acudió a un encuentro con indígenas a la ciudad de San Cristóbal de las Casas y no perdió el tiempo en visitar la tumba de Ruiz García – su gran amigo-, para rezarle. Fue en el momento preciso. El Papa Francisco, reconoció el trabajo al mal llamado obispo rojo. En el mensaje fue implícito el nombre de Samuel Ruiz. Fueron más de tres décadas que el también llamado “Tatik” camino por veredas y llegó hasta las comunidades más recónditas no para evangelizar si no para aprender de los pobres; esos pobres que siguen excluidos y olvidados por todos. Por aquellos que los ven y no los ven. Por aquellos que solo les dan migajas con programas sociales, que solo administran la pobreza y no los rescata de ella, dándole lo elemental: el saber leer.
La teología de la liberación es en gran medida una doctrina humanista. Comenzó en América del Sur en la turbulenta década de 1950 cuando el marxismo estaba haciendo grandes ganancias entre los pobres.
Fue reforzada en 1968 en la segunda “Conferencia Latinoamericana de Obispos”, que se reunió en Medellín, Colombia. La idea era estudiar la Biblia y luchar por la justicia social en las comunidades cristianas (católicas) y fue precisamente Jorge Mario Bergoglio, quien redacto los resolutivos del concilio del Vaticano II celebrado en esas fechas en Colombia, de ahí las coincidencias con el Obispo Samuel Ruiz.
Sin embargo, por sus inclinaciones marxistas, la “Teología de la Liberación”, según lo practicado por los obispos y sacerdotes de América del Sur fue criticada en los años ochenta por la jerarquía católica, e incluso por el Papa santificado Juan Pablo Segundo.
La alta jerarquía de la Iglesia Católica acusó a los teólogos de la liberación de apoyar a las revoluciones violentas y la lucha rotundamente marxista de las clases.
Por eso cuando el Papa Francisco, se refirió:
“Sin embargo, muchas veces, de modo sistemático y estructural, vuestros pueblos han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad. Algunos han considerado inferiores sus valores, sus culturas y sus tradiciones. Otros, mareados por el poder, el dinero y las leyes del mercado, los han despojado de sus tierras o han realizado acciones que las contaminaban. ¡Qué tristeza! Qué bien nos haría a todos hacer un examen de conciencia y aprender a decir: ¡Perdón!, perdón hermanos.
Es a todas luces poner el dedo en la herida abierta en las comunidades indígenas de Chiapas y de México y esa exclusión se puso en los ojos del mundo, incluso con el alzamiento zapatista el 1 de enero del 1994.
Sin duda, el Obispo Samuel Ruiz en su calidad de representante de la iglesia nunca estuvo de acuerdo con la vía armada; pero si fue insistente en el respeto a los derechos humanos de los indígenas, cuyas comunidades hoy en día a pesar de los millones de dólares que se ha gastado y que no se ven dónde están, no cuentan con escuelas, caminos, clínicas ni médicos, y que todavía los niños y los adultos mayores mueren a la falta de medicinas.
Hoy en día el 76.2 % vive en pobreza en Chiapas y el gobierno en extrema riqueza, ello a pesar de que la federación, le ha inyectado miles de millones de dólares, por arriba del Producto Interno Bruto PIB del estado de Nuevo León, Estado de México, Jalisco, entre otros con mayor riqueza y que a lo largo de los años los únicos que han salido de pobres son los que han gobernado la entidad.
Es por ello, que el trabajo pastoral y social realizado por el Obispo Samuel Ruiz García reverdece ahora, en ésta era moderna.
La reivindicación hecha por el Papa Francisco, a Samuel Ruiz García es una muestra, para no perder la dignidad con programas sociales paternalistas, con la compra del voto y con la falta de respeto a sus derechos humanos.