Héctor Estrada
La imagen propagada este jueves donde se muestra al secretario de turismo en Chiapas, Mario Uvence, literalmente saltándose las rejas para escapar de Torre Chiapas describe a la perfección la debacle que actualmente atraviesa el “proyecto verde” en la entidad chiapaneca, donde la continuidad gubernamental y las aspiraciones presidenciales se diluyen a mayor intensidad con el paso del tiempo.
Para nadie es un secreto la crisis de credibilidad que vive actualmente la estructura gubernamental del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) en el estado, agudizada desde las pasadas elecciones intermedias, que ha socavado fuertemente el proyecto político con miras a 2018.
La muestra más destacada del debilitamiento a nivel nacional sucedió hace unos días con la orden de aprehensión solicitada por la FEPADE a un Juez Federal en contra del dirigente nacional del PVEM y ahora ex subsecretario de Prevención y Participación Ciudadana de la Secretaría de Gobernación, Arturo Escobar y Vega.
El proceso legal iniciado por diversos delitos electorales ocasionó casi de facto la renuncia forzosa de Escobar y Vega de la SEGOB, constituyendo así uno de los casos judiciales más escandalosos emprendidos recientemente contra un “destacado” miembro del actual régimen.
La caída inminente de Arturo Escobar no resulta indiferente para el gobierno de Chiapas. El líder verde fue pieza clave para la llegada de Manuel Velasco al Gobierno del Estado, la conquista política de la gran mayoría de las alcaldías chiapanecas, así como el empoderamiento de personajes como el actual presidente municipal de Tuxtla Gutiérrez, Fernando Castellanos.
Es prácticamente imposible pensar en el dirigente verde sin traer a la memoria aquella bochornosa escena cuando fue detenido en el Aeropuerto Internacional Ángel Albino Corzo con un maletín lleno de un millón de pesos. Para dejar más claro el asunto, desde la asunción de Manuel Velasco, Arturo Escobar ha vivido de manera itinerante en Chiapas y operado gran parte de los asuntos importantes desde aquí.
Hay quienes incluso aseguran que el desplome de Escobar y Vega no es más que una jugada estratégica de la Presidencia de la República y el Partido Revolucionario Institucional (PRI) para desarticular al grupo verde empoderado y sobrepasado que representa el actual dirigente del PVEM.
Arturo Escobar se ha convertido en un personaje incómodo, poco manipulable y exigente a la hora de repartir “las fichas”. Por eso para el Gobierno Federal la presencia de Escobar y Vega (y el grupo que él representa) ya no es tan conveniente. Ahí la razón de tanta sacudida al suelo verde que durante los últimos años ha parecido olvidarse de su ascendencia patriarcal con el PRI.
Y los ejemplos de la desarticulación a la estructura verde sobran. Ahí están las recientes encuestas publicadas por populares empresas como Parametría que durante su último estudio de opinión, incluso eliminó al gobernador Manuel Velasco Coello de los personajes presidenciables. En las demás encuestas el joven político ya ni siquiera figura entre las seis primeras opciones para el 2018.
La misma contienda interna por la candidatura verde para el gobierno del estado ha fragmentado al partido en Chiapas. Con el paso de los años la desintegración parece aún más inminente. La posible imposición de un Melgar desde el centro del país, la disputa entre los Ramírez y los Castellanos y la aspiración de los Albores para hacer que el PRI encabece una coalición hacen hoy del proyecto una “bomba de tiempo”.
Las cosas para el proyecto verde en la entidad chiapaneca no pintan tan alentadoras como hace tres años. Los sueños de un plan político nacional se disipan cada vez más y los campos de oportunidad seguramente terminarán al final de cuentas reducidos nuevamente a puestos de gabinete, dirigencias de partido o cargos consulares, si la nave verde continúa en la “evidente picada” que hoy vive.
