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En medio del proceso electoral ¿dónde está Zoé Robledo? (En la Mira) Héctor Estrada Mientras muchos de los que hoy suspiran por el 2024 se encuentran en plena operación política para incrustar a sus alfiles e intereses dentro del proceso electoral en curso, una pregunta ha saltado dentro del escenario local: ¿dónde está Zoé Robledo?

El actual director del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) ha parecido ajeno, o al menos esa es la percepción superficial, dentro de las negociaciones que hoy se hacen entre las cúpulas partidistas y los gobiernos locales involucrados para el reparto de candidaturas. No se ha hecho presente, ni sus operadores han aparecido en el jaloneo de espacios políticos.

A qué se debe entonces la ausencia de Robledo Aburto en el escenario político estatal. Y es que, la pregunta no suena tan descabellada. Las elecciones intermedias han significado durante mucho tiempo un punto de quiebre estratégico para quienes aspiran a las grandes contiendas estatales y federales, a fin de abrirse el camino y dejar aliados para la hora de las campañas. Por eso las dudas inevitables.

El comportamiento de Zoé Robledo durante los primeros meses del proceso electoral ha sido un poco atípico. Tal vez porque, a quienes nos hemos dedicado a analizar el comportamiento de los actores políticos durante los últimos años, nos han acostumbrado a verlos involucrados descaradamente en los procesos electorales que anteceden a sus verdaderos fines. Pero no se trata de un comportamiento nuevo en Robledo Aburto.

Desde enero de 2020 Zoé decidió, a decisión propia, desarticular o complicar su capacidad de influencia u operación política dentro del mismo IMSS. Y es que, terminó abriendo a Concursos de Oposición la elección de delegados estatales y puestos clave dentro de Instituto. Para muchos, la decisión significó un “harakiri”, ya que puso en manos de un comité evaluador externo puestos que antes eran cuotas innegociables para que el director general colocara a sus afines.

Como parte de los resultados fueron electos 35 titulares de las oficinas de representación, integrados por 17 mujeres y 18 hombres. De éstos, 29 delegaciones estatales quedaron en manos de personal médico, seis bajo responsabilidad de personal de enfermería y 15 de ellos en manos de jubilados que decidieron regresar para administrar las oficinas de representación. Todos sometidos a procesos de rotación para evitar que administraran cargos directivos en sus propias entidades.

A la usanza de la vieja política nacional la determinación parecería un autosabotaje innecesario, pero esa fue la decisión tomada por el mismo Zoé. Hoy, pese a que para nadie son ya un secreto las aspiraciones del chiapaneco con miras a contender en 2024 por la gubernatura de Chiapas, sus decisiones parecen seguir la misma línea de acción. 

Se rumora entre los pasillos de la sede nacional del Instituto Mexicano del Seguro Social que la decisión, por más extraña e incomprensible que resulte para sus adversarios políticos, ha sido mantenerse al margen del proceso electoral en Chiapas, y esa ha sido la indicación para el resto de la estructura a fin de no quitar el foco de atención sobre la ya de por sí complicada crisis epidemiológica y el complejo proceso de vacunación.

Si las cosas no cambian de aquí al próximo 6 de junio, Zoé Robledo estaría jugando una apuesta compleja al dejar que sus opositores se disputen el “pastel electoral” de los comicios intermedios sin su participación. Pero también, habría que reconocer, estaría sentando un inusual precedente respecto a apostarle a los resultados de su función pública sobre la ambición electoral, y en una de esas le termina resultando… así las cosas.