La renuncia de la diputada plurinominal Raquel Esther Sánchez Galicia al Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) no es más que la consumación del fracaso del partido “lopezobradorista” en el legislativo chiapaneco, donde sus representantes se han mantenido tibias y complacientes ante los intereses de quienes tiene el control absoluto en la entidad chiapaneca.
La salida de Sánchez Galicia es un asunto que se venía cocinando desde el mes de julio cuando el partido anunció el inicio formal del proceso de expulsión debido a supuestas traiciones relacionadas con la aprobación de la Cuenta Pública 2015 de Manuel Velasco y supuestos contubernios con los operadores del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) en el congreso chiapaneco.
Tras su expulsión en el mes de agosto, bajo el expediente CNHJ-CHIS-161/16, la diputada plurinominal inicio un juicio para recuperar sus derechos políticos dentro del partido ante el Tribunal Electoral del Estado de Chiapas (TEECH) que finalmente le dio la razón a principios del presente mes. Sin embargo, las disputas y el revanchismo dentro de Morena no menguaron.
Las amenazas, hostigamientos y la falta de compatibilidades con la dirigencia estatal en Chiapas terminaron por concretar la renuncia de la diputada, que finalmente se embolsó (ahora en modalidad de independiente) una de las tres plurinominales conseguidas por Morena en las elecciones de 2015 cuando alcanzó más de 170 mil votos durante su primera contienda estatal.
Para nadie es un secreto que pese haber protagonizado algunos de los pocos posicionamientos críticos dentro del legislativo estatal contra el gobierno de Manuel Velasco Coello durante la primera mitad del 2016, a partir de la segunda mitad del año a Raquel Sánchez se le involucró en presuntas negociaciones políticas con partidos de oposición, tomando decisiones contrarias a las ordenadas por la dirigencia de Oscar Gurria.
Incluso, hay quienes aseguran que el descontento entre Sánchez Galicia y la dirigencia estatal inició realmente tras desacuerdos entre la diputada y el dirigente estatal de Morena con respecto a Eduardo Ramírez Aguilar y las supuestas negociaciones para cederle la candidatura del partido “lopezobradorista” al gobierno de Chiapas como segunda opción, en caso de que el presidente del congreso no lograra la designación del PVEM.
Sin embargo, el fracaso de Morena no puede ser atribuible exclusivamente a la controversia con la diputada Raquel Sánchez, ahora acusada de traición. En el Congreso de Chiapas hay dos curules más ocupadas por plurinominales de ese mismo partido que simplemente parecen inexistentes. Magdalena González Esteban y Zoila Rivera Díaz se han desempeñado con tibieza y cierta complacencia, lejos de la oposición activa que caracteriza a Morena.
El partido de Andrés López Obrador ha fracasado como verdadera oposición en el Congreso de Chiapas. Su presencia se ha vuelto fantasmal y permisiva ante los coyunturales asuntos que se han discutido y discuten en el legislativo estatal. Su representación legislativa les ha fallado a esos más de 170 mil votantes que vieron en Morena un posible obstáculo para detener las arbitrariedades de los verdes en el congreso chiapaneco.
Y es que, aunque la designación de las curules plurinominales parece ser el error de inicio a simple vista, detrás de tan intrascendente actuación legislativa podrían esconderse acuerdos turbios de mayor nivel, donde los intereses y negociaciones de Andrés Manuel López Obrador con miras a la carrera presidencial seguramente son pieza clave. Por eso no deberán sorprender candidaturas bizarras en Chiapas donde el propio Morena tenga su papel protagónico en los años venideros.