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Manuel y Manuel, pacto de protección (Artículo Único) Ángel Mario Ksheratto Nada obra en favor suyo: deudas, despilfarros, frivolidades, indiferencia, corrupción, ingobernabilidad, sospechas, desvíos millonarios de recursos, excesos, imposiciones, violaciones a diversas autonomías, ineptitud, impunidad, omisiones, abusos, saqueo, mentiras, incumplimiento de promesas, sometimiento, engaños, avasallamiento de Poderes, fraudes, irrespeto a los derechos humanos, complicidades, protección a corruptos, utilización de grupos de choque, abandono del Estado de Derecho, traición a las mujeres, delitos diversos, pactos vergonzantes y a modo de despedida, la represión clásica del dictador abusivo… el valemadrismo puro que nos detalla al estado fallido, al gobernante fracasado.

O quizá, nos dibuje al varoncito inepto que supo aprovechar la pasividad de los chiapanecos y el entreguismo de los diputados, para hacer lo que en gana le vino.

Desde que asumió el cargo —favorecido por más de un millón de votos—, utilizó a grupos de choque violentos, para atemperar las críticas y exigencias de ciudadanos dentro del derecho a la exigencia social. Solo en sus últimos estertores, recurrió a la fuerza bruta —radicada en hombres y mujeres que, como todos los burócratas, también están sometidos a miserias salariales—, para violentar el derecho a cobrar emolumentos de trabajadores estafados, y el de proporcionar una vida digna a indígenas, corridos de sus comunidades, por votar a favor de un partido contrario al que pertenece el gobernador.

Así, mientras ante 40 sumisos usurpadores de la representación popular, hablaba de las bondades de su malogrado gobierno para con la niñez del estado, cientos de estos (muchos en calidad de bebés), eran asediados por las fuerzas de orden, a galope de gases lacrimógenos, empellones, patadas y maledicencias que mostraron la bajísima calidad moral del que a punto está de irse…

Alejarse, no a rumiar su fracaso en la soledad de los gobernantes descalificados, sino a formar parte de un Senado de la República bajuno, dócil y obediente; sí, el mismo que le permitió violar la Constitución para ser gobernador en dos modalidades y senador al mismo tiempo.

O talvez, vaya a engrosar al gabinete del presidente electo que, durante su campaña, ofreció acabar con la corrupción y los corruptos y terminó siendo empleado de la “Mafia del Poder”, a cuyos prominentes miembros ha abierto las llaves del dinero público. Y es que Manuel Velasco Coello, cumple a cabalidad con todos los requisitos para ser parte importante de la Cuarta Transformación.

La represión contra cientos de indígenas pobres, abandonados y hambrientos, y para acallar a trabajadores del Estado cobrando sueldos caídos, era el requisito indispensable para demostrar a su protector, que tiene lo necesario para ser parte de un régimen que, antes de asumir, ha demostrado ser elitista, absolutista, manipulador y opresor.

¿Qué mejor (o peor) representación del futuro de México? Los acuerdos, pactos, alianzas, arreglos o como se le quiera llamar, entre Manuel y Manuel, reflejan, por sobre todas las cosas, absoluta impunidad y por lo mismo, continuidad de la corrupción.

El continuismo de viejas prácticas para saquear al país —y que AMLO se niega a erradicar al proteger a Manuel Velasco Coello—, son un grave riesgo, desde ahora, no solo para el muy probablemente fallido proyecto del presidente electo, sino para todo el país, que habrá de soportar seis años más de ocurrencias, saqueos, distractores y actos de represión contra quienes quieran señalar los yerros del gobierno entrante.

Es obvio que quien ordenó la represión contra desplazados y burócratas, recibió órdenes superiores. Nadie pudo haber tomado una decisión de esa naturaleza, sin el aval desde muy arriba; eso nos lleva a creer que fue el propio gobernador. ¿Acaso fue el menguado secretario de Gobierno, Mario Carlos Culebro Velasco? ¿Fue acaso, un policía cualquiera, de menor rango? No. No lo creeríamos.

La represión fortaleció la protesta generalizada. Éste lunes, miles de ciudadanos indignados, salieron a las calles a exigir juicio político contra Manuel Velasco. No es para menos. La acometida contra niños, niñas, mujeres y ancianos indígenas, coronó el hartazgo de seis años de estancamiento e incluso, retroceso en todos los sentidos.

Lo que frente a diputados doblegados e invitados especiales se dijo, fue borrado con el uso excesivo, brutal y abusivo de la fuerza pública. Y no porque haya sido un informe del todo cierto, sino porque con ello, se reafirmó la enfermiza obsesión del poder por el poder. Pero, ¿importan las protestas si se es protegido del presidente electo?