América Latina deberá elevar a 3.12% del PIB la inversión en infraestructura hacia 2030
* La modernización de ciudades exige conectar infraestructura física, datos y servicios para convertir la inversión en capacidad operativa. (BID)
Ciudad de México, septiembre de 2026. América Latina y el Caribe necesitan elevar la inversión anual destinada a infraestructura de 1.8% a 3.12% del PIB regional para cerrar la brecha hacia 2030, de acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Para las ciudades, el desafío abarca tanto la expansión de infraestructura como la capacidad de conectar activos físicos y digitales para administrar mejor movilidad, seguridad, emergencias y servicios públicos.
Carreteras, redes de comunicación, cámaras, sensores, alumbrado, sistemas de movilidad y plataformas de atención generan cada vez más datos. Cuando esa información puede cruzarse y utilizarse dentro de una misma operación, la infraestructura deja de funcionar como activos separados y comienza a ofrecer una lectura más completa del territorio.
“La infraestructura inteligente cambia la manera en que una ciudad administra sus recursos. Cámaras, sensores, sistemas de monitoreo, comunicaciones y plataformas digitales pueden aportar información distinta sobre un mismo evento; conectarlas permite a las instituciones entender mejor lo que ocurre y actuar con mayor precisión”, señala Mauricio Swain, CRO de Kabat One.
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Este enfoque convierte a la conectividad y a la interoperabilidad en componentes de planeación urbana. Un sensor puede alertar sobre una condición específica; una cámara aporta contexto visual; un sistema de geolocalización muestra la posición de recursos; una plataforma de despacho organiza la respuesta. La utilidad crece cuando estos elementos pueden participar en un mismo flujo de decisión. En Michoacán, esta lógica puede observarse en una estrategia que combinó inversión, fortalecimiento institucional y tecnología. A través del Fondo para el Fortalecimiento para la Paz (Fortapaz), financiado con recursos estatales, se destinaron recursos a capacitación, equipamiento, profesionalización, infraestructura y prevención del delito. A esta estrategia se sumó inversión en el C5, capacidades de investigación e integración tecnológica para identificar zonas con mayor incidencia y orientar los recursos operativos. De acuerdo con César Erwin Sánchez Coria, titular del Secretariado Ejecutivo del Sistema Estatal de Seguridad Pública de Michoacán, este conjunto de acciones ha acompañado una reducción de 62% en delitos de alto impacto en la entidad. “Para los centros de comando y control, la infraestructura conectada permite reunir información de cámaras, sensores, GPS, radios, llamadas de emergencia y otros sistemas en una misma operación. Esto reduce pasos de consulta y ayuda a que los responsables dispongan de contexto suficiente para coordinar recursos”, indica Swain. El caso muestra una dimensión distinta del debate sobre infraestructura inteligente: la inversión también debe considerar arquitectura de datos, interoperabilidad, continuidad operativa y capacidad de crecimiento. Estos elementos determinan si una ciudad puede incorporar nuevas tecnologías sin reconstruir cada proceso desde cero. La misma lógica puede aplicarse a otros servicios urbanos. Movilidad, protección civil, servicios públicos y atención ciudadana generan información que puede ayudar a detectar patrones, priorizar recursos y dar seguimiento a incidentes cuando existe una arquitectura capaz de compartir datos entre áreas. “El siguiente paso para las ciudades será diseñar infraestructura con capacidad de conectarse, escalar y compartir información desde el origen”, concluye el directivo. Esta visión permite que las inversiones tecnológicas se integren a una arquitectura operativa de largo plazo. |
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