Sin smartphone no hay trabajo: 86% de los usuarios dice que su equipo es clave para generar ingresos   

Ciudad de México, 6 de abril de 2026.— Para millones de personas, perder el smartphone ya no significa solo quedarse sin comunicación: significa perder acceso a pedidos, cobros, clientes y trabajo. PayJoy asegura que 86% de sus usuarios dice que su teléfono financiado es indispensable para desempeñarse en su empleo o negocio actual, un dato que refleja hasta qué punto el dispositivo móvil se ha convertido en herramienta productiva para trabajadores independientes y micronegocios.

El dato encuentra eco en la estructura laboral del país. De acuerdo con el Inegi, en México había 59.5 millones de personas ocupadas, y la tasa de informalidad laboral fue de 54.5%. Además, los trabajadores por cuenta propia sumaron 12.7 millones al cierre de ese periodo. En otras palabras, una parte sustancial de la economía mexicana sigue dependiendo de esquemas de ingreso variables, autoempleo y trabajo fuera de estructuras laborales tradicionales.

“Cuando analizas cómo se genera el ingreso en segmentos de trabajo independiente, el smartphone deja de ser un canal y se convierte en un bien productivo. No es solo el medio para comunicarse, es donde ocurre la operación: desde recibir pedidos hasta coordinar entregas, cobrar y contactar con clientes. Entender ese rol cambia la forma en la que deben diseñarse los productos financieros para este tipo de usuarios”, señaló Nicolás Schiaffino, VP & Country Manager de PayJoy en México.

En ese entorno, el celular dejó de ser un accesorio. La ENDUTIH del Inegi reportó que 98.6 millones de personas en México usan teléfono celular, equivalente a 81.7% de la población de 6 años y más. Entre quienes utilizan celular, 96.6% usa exclusivamente un smartphone. Y entre las personas usuarias de internet, 97.2% se conecta mediante un celular inteligente.

Este patrón ayuda a explicar por qué un teléfono puede ser, al mismo tiempo, oficina, terminal de cobro, canal de ventas y medio de contacto con clientes.

La dimensión territorial también importa. Aunque la conectividad es mayor en zonas urbanas, la diferencia no implica irrelevancia en el ámbito rural. Hacia 2025, el 86.9% de las personas del ámbito urbano usó internet, frente a 68.5% en el rural. Al comparar actividades, el 39.2% de las personas usuarias urbanas compraron productos o servicios por internet, frente a 19.1% en el ámbito rural; además, las mayores brechas entre ambos contextos se observaron en pagos realizados vía internet y operaciones bancarias en línea.

Esto sugiere que, incluso con brechas persistentes, el smartphone ya participa en la actividad económica tanto en ciudades como fuera de ellas. No necesariamente bajo el mismo nivel de sofisticación, pero sí como una herramienta concreta para vender, coordinar entregas, recibir pagos o mantenerse disponible para trabajar.

En ese contexto, PayJoy sostiene que su modelo está especialmente conectado con población de ingresos variables. La empresa reporta que 59% de sus clientes son trabajadores independientes —conductores, repartidores, microemprendedores, vendedores y personas en ocupaciones parciales o intermitentes— y que 52% afirma que su teléfono financiado aumentó sus ingresos. La firma, además, señala que 87% dice sentirse más seguro financieramente.

Más que presentar al smartphone como bien de consumo, ese conjunto de datos lo coloca como infraestructura económica cotidiana. Cuando el ingreso depende de responder pedidos, cerrar ventas, ubicar rutas, cobrar digitalmente o mantenerse disponible para clientes, el teléfono deja de ser opcional. Se vuelve una herramienta de trabajo.

En un país donde más de la mitad del empleo sigue en condiciones de informalidad y donde millones de personas trabajan por cuenta propia, el financiamiento accesible de dispositivos abre una conversación más amplia: no solo sobre conectividad, sino sobre continuidad productiva. Porque para una parte importante del mercado laboral, quedarse sin smartphone puede significar, literalmente, quedarse sin trabajar.

 

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