•   En el marco del Día Mundial contra el Cáncer, este padecimiento continúa siendo la segunda causa de muerte a nivel global y en 2022 provocó 9.7 millones de fallecimientos3, lo que refuerza la urgencia de fortalecer la prevención, el diagnóstico oportuno y el acceso equitativo a la atención oncológica.
  •   Los costos globales del cáncer alcanzarán 25.2 billones de dólares entre 2020 y 2050, con los mayores incrementos en mortalidad proyectados para países de ingresos medios y bajos, donde se concentra gran parte de América Latina.

Ciudad de México, 30 de enero del 2026.- En América Latina, el cáncer representa uno de los retos más relevantes para los sistemas de salud actuales. Si bien el diagnóstico y las intervenciones han evolucionado de manera significativa, persiste una brecha estructural que impacta directamente en los resultados en salud: el acceso oportuno y equitativo a la atención oncológica. El desafío para la región no es únicamente impulsar la innovación, sino asegurar que esta se traduzca en beneficios reales para quienes más la necesitan.

En el marco del Día Mundial contra el Cáncer, es fundamental dimensionar la magnitud de esta enfermedad a nivel global. Actualmente, el cáncer es la segunda causa de muerte en el mundo y tan solo en 2022 provocó 9.7 millones de fallecimientos, lo que refuerza la urgencia de fortalecer las estrategias de prevención, diagnóstico oportuno y atención integral.

Más allá del impacto sanitario, el cáncer representa un desafío económico y social de gran magnitud. Se estima que los costos asociados a la enfermedad alcanzarán 25.2 billones de dólares entre 2020 y 20501, considerando no solo el gasto en atención médica, sino también las pérdidas en productividad y las consecuencias sociales derivadas de la discapacidad y la mortalidad prematura. Hacia 2050, los países de ingresos medios y bajos —donde se concentra gran parte de América Latina— enfrentarán los mayores incrementos en mortalidad por cáncer, lo que refuerza la necesidad de una respuesta regional más sólida.

Sobre este panorama, el doctor Francisco Olguín, Líder Médico de Oncología de Pfizer México, señaló que “en México, el cáncer representa una carga creciente para los sistemas de salud, con más de 207 mil nuevos casos y más de 96 mil muertes registradas en un solo año, de acuerdo con estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, lo que evidencia la urgencia de fortalecer la detección oportuna y el acceso efectivo a terapias innovadores”.

Asimismo, Olguín subrayó que “el cáncer no debe entenderse hoy como una sentencia inevitable, sino como una enfermedad que puede ser atendida de manera más efectiva cuando existen diagnósticos oportunos, modelos de atención integrales y sistemas de salud capaces de acompañar a las personas a lo largo de todo su proceso”.

Las brechas de acceso siguen marcando diferencias significativas en los resultados en salud. Actualmente, 1 de cada 5 personas recibirá un diagnóstico de cáncer a lo largo de su vida; sin embargo, las probabilidades de diagnóstico oportuno, manejo adecuado y seguimiento continuo dependen en gran medida del país de residencia, del sistema de salud y de la disponibilidad de recursos. En América Latina, el acceso a un medicamento innovador puede tardar entre 3 y 5 años en acceder a un medicamento innovador incluso después de su aprobación, lo que limita el impacto real de la innovación científica.

Estas desigualdades también se reflejan en contrastes importantes entre países en términos de incidencia, mortalidad y supervivencia. Mientras algunas naciones han logrado avances relevantes en prevención, detección temprana y en la atención integral de la enfermedad, otras continúan enfrentando barreras en infraestructura, recursos humanos, financiamiento y disponibilidad de datos. Frente a este escenario, la Dra. Yéssika Moreno, Vicepresidenta de Asuntos Médicos para Pfizer Latinoamérica, subrayó que “la planeación integral para tratar el cáncer, debe abarcar políticas públicas, modelos de atención, asignación de recursos y acceso a innovación, sólo genera resultados cuando está respaldada por recursos suficientes, indicadores claros y una visión de largo plazo que permita llevar las estrategias del diseño a la implementación efectiva.”

En este punto, los Planes Nacionales de Control del Cáncer (PNCC) se consolidan como una herramienta clave para articular la respuesta de los países frente a la enfermedad. Según la OMS, actualmente, entre el 30 % y el 50 % de los cánceres se pueden prevenir evitando los factores de riesgo e implementando las estrategias de prevención, además de generar beneficios sostenibles para los sistemas de salud y la sociedad en su conjunto.

Sin embargo, la implementación de los Planes Nacionales de Control del Cáncer en América Latina enfrenta retos importantes. El 80% de los países del mundo cuentan con un Plan Nacional de Control del Cáncer, en comparación con el 66% en 2013. Sin embargo, muchos países se encuentran rezagados en la implementación del plan debido a la falta de voluntad política y recursos insuficientes.

Actualmente, en América Latina solo 16 países cuentan con PNCC activos y únicamente 8 los han integrado plenamente a sus sistemas públicos de salud. En este contexto, la doctora Moreno subrayó que “sin financiamiento ni mecanismos de seguimiento claros, los planes difícilmente generan impacto y requieren presupuestos definidos, métricas de evaluación y una visión de largo plazo”. Esta brecha entre la planeación y la implementación sigue siendo uno de los principales obstáculos para fortalecer la atención oncológica en la región.

Enfrentar este reto requiere ir más allá de la disponibilidad de medicamentos innovadores. Implica invertir en sistemas de salud más robustos, capaces de garantizar diagnóstico oportuno, acceso a terapias adecuadas, continuidad de la atención y acompañamiento integral, así como contar con datos de calidad que orienten la toma de decisiones. En este Día Mundial contra el Cáncer, el llamado es claro: cerrar las brechas de acceso y avanzar hacia sistemas de salud más equitativos y sostenibles es una prioridad sanitaria, social y económica para la región.

 

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