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Crónica de una Mujer Determinada Esta crónica fue escrita como apoyo a la iniciativa 24semanas.org, que se enfoca en la recaudación de fondos para apoyar durante 24 semanas a México y Puerto Rico, en la recuperación y reconstrucción de las comunidades que en estos países fueron devastadas a consecuencia de fenómenos ambientales.

México sufrió la destrucción de  varias comunidades en los Estados de Chiapas, Oaxaca, Morelos, Puebla y Ciudad de México tras ser sacudido por varios terremotos; mientras que la isla de Puerto Rico fue abatida por el Huracán María y también se encuentra en estado de emergencia.

Por: Tara Rodríguez Besosa

Fundadora/Capitana: El Departamento de la Comida

Todo el asunto de la visita de “trump” nos desanimó mientras nos sentábamos en buena compañía comunal, compartiendo la cena. Una importante decisión ha sido cocinar comida tan buena como la que podamos encontrar y compartirla. El día se pasó despertando y calentando el café de ayer, tratando de obtener un poco de batería para nuestros teléfonos con un poco confiable cargador solar, y haciendo lo que normalmente sería “la caminata de la pena” por las horas más tempranas de la mañana, pero en este caso, hacia la casa de mi amiga para bañarme después de un descanso en una noche calurosa. Después me fui a conectar el WiFi y la energía eléctrica al techo de un banco que hace unos cuantos meses había denunciado a varias personas por vandalismo y atentados de incendiar el edificio con papel de baño y encendedores como armas que “ameritaban” una sentencia dura en prisión. Días extraños.

El envío de bienes para asistencia inmediata todavía es un asunto serio, que se está convirtiendo en un arte el entender manejarlo. La gente en Nueva York y otros lugares también se está reuniendo, apresurando y tratando de encontrar las mejores maneras para ayudar. Les envío amor por muchos de los días por venir.  

Tuve que parar de escribir. Estaba en la hamaca de mi balcón y ha comenzado a llover. Tiempo de correr hacia adentro, donde no hay brisa y me despierto pegajosa, acalorada y deseando un baño, que está a una caminata de distancia.

Éramos personas tan privilegiadas, en nuestra burbuja, en nuestra domesticidad. No todos. Pienso sobre cómo me sentía privilegiada en la Ciudad de Nueva York hace una semana, y en cómo ahora que me expreso, pienso en toda la gente que ha perdido su techo, su casa y carece de un lugar para colgar su hamaca, y vuelvo a sentirme privilegiada una vez más.

El verde, lo frondoso, se han ido. Por un tiempo. Las escenas de mis aventuras a los ríos, playas, montañas, nunca serán como son en mi memoria. Quiero ver estos lugares, sentirlos en la manera en que los recuerdo hace apenas unos días atrás. ¿Dónde está menos devastado? ¿Existe algún lugar en esta isla que haya sobrevivido tan hermoso como lo recuerdo de hace poco?  

Tenemos mucho con qué lidiar. Estamos definitivamente una zona de desastre. Difícil salir de este contraste en mi cuerpo entre aquello con lo que me había rodeado el otro día y lo que me resisto a aceptar que ya no es igual.

Y luego viene aquél “trump”. ¿El nombre, el hombre, wow, el “Presidente”? ¡¿En verdad?! Es en serio, ¡¿en verdad?! En serio.

Fuimos gravemente afectados por su visita, que llegó a nosotros en tan vulnerable momento. ¿Venir a qué? ¿Ayudar? Robar la energía y tiempo de otros que podría haber sido utilizada en limpiar caminos, hacer entregas eficientes; exhalamos un “jódete”. Es mucho con lo que se tiene que lidiar ahora.

Otra noche, otra “estoy muy cansada para escribir sobre esto”, comienza a llover y… otro momento para reconocer tus sentimientos y respirar a través de ellos.

Haz lo que has aprendido. Imagina y transpórtate hacia una noche calurosa en tu finca. Oscura, mojada, silenciosa.

El sueño tranquilo de una noche también puede ser autoinfligido. Nos estamos volviendo buenos en eso.

Siguiente día.

Despierta, camina hacia una ferretería para encontrar la cadena más grande, por menos de 10 dólares en efectivo que traes contigo, para el espacio del restaurante. El Departamento de la Comida sigue siendo robado; continuamos añadiendo candados y levantando denuncias ante la policía. Toda el área ha sido robada o saqueada sin parar desde el huracán. Durante la noche está completamente oscuro, para que a la mañana siguiente aparezcan más cosas robadas. Hemos estado tratando de sacar nuestras cosas del espacio tan rápido como nos es posible, pero las dificultades con la gasolina, las barreras de comunicación y encontrar un espacio seguro para almacenar nos han alentado dramáticamente.

Nuestra amiga Eva me encontró en el camino a la ferretería, nos sentamos por un momento a preguntarnos por cada una. Expresé mi preocupación por el bosque tropical lluvioso y cómo me está doliendo el cuerpo por no revisar mis lugares sagrados. Ella ofreció su camioneta para ir a revisar El Yunque, y nos fuimos. Lo que encontramos fue un sitio similar a un bosque justo después de un invierno no tropical, sin hojas en los pocos árboles sobrevivientes, muchos troncos en el piso del bosque, completamente irreconocible. Pudimos llegar a un lugar donde yo me bañaba cada mañana, después de hacer caminatas hasta el pico más alto del Yunque y limpiarme de todo el estrés de la ciudad, con agua limpia y fresca de río.

El agua todavía corría su curso.

Me bañé con una fórmula especial de ingredientes secretos, ofreciendo un pequeño gesto de ritual habitual al río y a mí, a pesar del paisaje tan cambiado a nuestro alrededor. Le agradecí, lloré en él, hablé con él. Manejamos fuera de El Yunque en silencio.

Para mantener mi juicio, decidí ir a visitar a mis amigas Luz y Nori en Cabo Rojo, al suroeste de la isla. Nori se mudó a una finca ahí y construyó una pequeña casa para ella y su hija, acababa de traer a sus cabras justo antes del impacto de ambos huracanes.

Visitar Cabo Rojo nos trajo fuerzas. Nori y Luz eran las mujeres audaces, independientes en las que siempre he encontrado mi fuerza. A pesar de haber perdido su recién casa construida a mano, Nori estaba determinada a reconstruir y no podía perder mucho tiempo en duelo. Contaba de cómo la tormenta ayudó a su comunidad a tener conversaciones y trabajar juntos, con el bienestar de todos en riesgo. Luz se había mudado apenas hace unas semanas desde San Juan a una casa de madera junto a la costa. Mi corazón y boca se llenaron de alegría cuando vi que sus árboles frutales estaban todavía de pie. Aguacate, mango, mamey, carambolas; hasta ahora solamente los había visto en el piso. Muchas casas antiguas y edificios sobrevivieron, el municipio estaba levantado y andando, con una buena parte de destrucción y sin electricidad, pero era la mejor área que había podido ver desde que regresé. Como siempre es el caso, fue bueno dejar la ciudad y recargarme. El viaje fue mucho más largo que lo usual, pero valió cada minuto. Le trajimos a Nori un pequeño refrigerador de mi lugar para que almacene sus semillas y lo conectara a un panel solar. Caminamos montaña abajo y nos sentamos en el suelo del bosque, sus cabras masticaban todo el follaje de los árboles caídos que usualmente no podían alcanzar. Compartimos nuestros sentimientos de enojo, frustración, shock y determinación. TODXS necesitábamos reacomodar, alterar, dejar ir lo que fueron nuestros planes. Estamos hablando de cinco mujeres que son cocineras, agricultoras, dueñas de restaurantes, gerentes de hoteles, solteras, sus propias proveedoras, tercas y con una fuerza con la que se tiene cuidado; ahora, teniendo que tomar largos respiros, llorar, gritar y aceptar que las cosas tendrán que fluir de acuerdo a un plan diferente del que teníamos en mente.

Manejamos de regreso a San Juan, con noticias del Sur, unas cuantas entregas que llegaron y algunos cocos que recuperamos de una palmera caída.

Llegamos a mi humilde apartamento después de un viaje en carretera con tres mujeres, dos perros y una gallina. De regreso en Santurce, hambrienta y cansada, escuché una voz dentro de mí pidiendo sushi, como parte de mi lluvia sarcástica de humor huracanístico, que por cierto me hizo ganar algunas miradas feas de mis compañeras de camino. Me llegó una idea. Conseguiría ingredientes suficientes para satisfacer una fantasía fuera de contexto, solamente Tara pensaría en encontrar jengibre encurtido con wahabí y algas nori en un momento como este. Apenas había arroz, pan y salsa de tomate, pero había algunos cuantos ingredientes “sushi-esques” en el supermercado. Vero, la socia cocinera de El Departamento de la Comida, ya está acostumbrada a aceptar mis retos de cocina improvisados. Preparó con su muy útil lámpara de cabeza, un fantástico plato de arroz con algas nori, anchoas, los últimos cebollines frescos de mi balcón, y yo saqué lo último de mis verdes que tenía guardados. Marihuana al rescate. Cualquier necesidad de juzgar será enviada directamente al buzón de voz en este momento.

Otra noche calurosa, pero con un sueño profundo.  

¡A la mañana siguiente, tiempo de apurarnos! Fuimos a Cucina, un espacio de cocina que se convirtió en un espacio para recibir, organizar y lugar de encuentro para varios grupos y organizaciones comunitarias. Aquí la gente está distribuyendo semillas, herramientas, tinturas, ecokits, comida e información para todos en la isla. Nuestra primera paleta de cajas llegó desde el aeropuerto, finalmente. Ahora sabemos que funcionó y que podemos comenzar a enviar apoyos que están esperando, a través de estos envíos colaborativos con las conexiones entre Puerto Rico y la Ciudad de Nueva York. No daré muchos detalles a propósito, no quiero maldecir nuestro reciente éxito.  

Para comenzar el día, las coordinadoras de este espacio se presentaron y cada uno de nosotros tomamos turnos para decir nuestro nombre, cómo nos sentimos hoy y cuáles son nuestras prioridades esta mañana. Conocí a una mujer que trabaja con comunidades en Caño Martín Peña, de quien he escuchado muchas cosas inspiradoras y estoy emocionada de conocer por primera vez en persona. Ella menciona que su prioridad para el día es ayudar a alguien querido por la comunidad a dejar la isla debido a problemas de inestabilidad mental y emocional. Me dirijo a ella para organizar una visita a un jardín comunitario para el que necesitábamos llevar suministros y me dice que seguro conozco a la persona a quien ella quiere ayudar. Mientras que escribo esto, no puedo aguantar mis lágrimas de recorrer mi cara.

No. No es posible. No ÉL. ¿Qué? No.

Ha habido muchas personas con quienes he cruzado caminos durante mis años de trabajo con la comida. A través de proyectos de huertos comunitarios, es que he conocido a las fuerzas más influyentes de la naturaleza dentro de mi trabajo. Cuando la mujer insistió en que conocía a su amigo, le contesté que no estaba segura, a menos que pudiese refrescar mi memoria con una foto de él. Su celular roto se convirtió en un reflejo de mi corazón hecho pedazos. Lloré en silencio frente a ella y un hombre junto a nosotras me abrazó mientras que los tres compartíamos el mismo sentimiento. Ahora estoy sentada en un ferry, escuchando a los pasajeros cantar canciones de karaoke “corta vena”, y no puedo pensar en nadie más que en “R”. La mezcla de emociones entre el barco que se mece, mi cara en llanto y las canciones latinas de amor probablemente no ameritan mayor descripción. Solamente agregaré que entre cada canción se dice algo sobre “¡Viva Puerto Rico! ¡Mantengámonos Fuertes! ¡Esta es para ti Boricua!”

Quizá se pregunten, ¿Por qué está Tara en un barco?

¿Una escapada en un Hotel Todo Incluido en la República Dominicana?

Para nada.

¿Una buena fan del karaoke entonces?

No.

¿Desesperada por dejar Puerto Rico e ir a la Ciudad de Nueva York por un tiempo?

No, aunque podría entender ese sentimiento.

Apenas hace unos días que llegué, desesperada por ir de regreso a casa y con mis pies en tierra Boricua, estaba ayudando y estando presente. Hay mucho por hacer. Muchos amigos en necesidad, comunidades que se están apoyando para encontrar sus propias maneras de apoyo, caminos montañosos que necesitan ser limpiados después de los deslices y árboles que obstaculizan nuestra conexión con aquellos que están del otro lado, agricultores sin comunicación, mis propios animales y hogar requiriendo de mi presencia.

Estoy tomando un ferry que viajará 12 horas hacia nuestros hermanos y hermanas en República Dominicana, para tomar el único vuelo que pude encontrar para llegar a la Ciudad de Nueva York. Me di cuenta de algo mientras estaba de vuelta a casa, que la semana y media que estuve ‘atrapada’ fuera de mi isla que llamo ‘casa’, fue una muy productiva. Fui capaz de difundir la palabra acerca de la importancia de la agricultura sostenible y la necesidad inmediata de apoyo. Los recaudadores de fondos se organizaron, la gente hizo escuchar sus preocupaciones, ofrecieron ayuda, cientos de correos después un mar de apoyo de parte de colegas alrededor del mundo ha llegado para Puerto Rico. Comunicaciones, publicaciones, llamadas de teléfono, reuniones, conducir y dejar paneles solares y sierras y filtros de agua y semillas sagradas… Era una viva representante las 24 horas 7 días a la semana, de una comunidad alimentaria incomunicada. En un patín, como dicen. Yo era un desastre.

Regresar a casa ha sido esencial para mi bienestar personal. No podría haber durado un día más sin abrazar mi gata, visitar mi lugar de sanación en el bosque lluvioso, dar señales de vida con mis compañeras, organizar desde adentro, compartir, abrazar y exhalar. Estoy agradecida de poder regresar a casa.

También estoy consciente de lo que nos espera si queremos reconstruir con Puerto Rico, y de una manera más sostenible que nunca. Aún no hay comunicación, todavía existe shock, dolor, desesperación y una necesidad de organizar la ayuda de otros que no están en la isla y que quieren contribuir. ¡La gente en Puerto Rico está “a fuego”! Estamos ayudándonos unos a otros, apoyando y reconstruyendo, valorando y reconociendo lo que queda. Es increíble la resiliencia que los Boricuas tienen en la sangre. No tengo duda de ello, y cada día que pasa se siente más cálida. Me di cuenta que, a pesar de mi sentir, la semana que estuve fuera de casa fue importante dentro del gran panorama de las cosas, para aquellos con quienes trabajo, aquellos a quienes amo. He estado muy agradecida y sido muy privilegiada de vivir en el paraíso por tanto tiempo, tanto que ahora estoy en un ferry escuchando la canción “Preciosa” para después subir a un avión y luego al metro, para llegar a un colchón inflable en Brooklyn; todo en apoyo a la resiliencia y el alimento real.  

No, no estoy tratando de parecer un mártir, me siento como una guerrera y una amante, con apariencia grasosa y un cepillo de dientes. Pelearé y amaré por Puerto Rico, por su descolonización, por su autonomía, por su reforestación, por su magia. Prometo que cada vez que alguien como “trompo” venga a tirar mierda a mi familia y mi hogar, me embarcaré de cualquier manera necesaria, para actuar con fuerza inteligente e intenciones poderosas. Nada como aprender a usar la energía de la furia hacia actos de amor.