Felipe Arizmendi Esquivel Yolanda Rodríguez

San Cristóbal de Las Casas.- “Nuestra Suprema Corte de Justicia sigue demostrando que emite sus juicios sólo en base a si una ley o una norma son conformes a la constitución que nos rige, o si la contradice. Su antropología es legalista, no humanista. Debería llamarse Corte de Constitucionalidad, o de Legalidad”.

Lo anterior lo señaló el obispo de la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas, Felipe Arizmendi Esquivel, quien señaló que la Suprema Corte ha manifestado que, para defender la familia, es legítimo contraer “matrimonio” entre personas del mismo sexo.

“¿Cuál familia? ¿Acaso un hombre genera familia con otro hombre; una mujer engendra familia con otra mujer? Esto es imposible biológica y psicológicamente. Un hombre no fecunda a otro hombre, ni una mujer a otra mujer. Esto no es cuestión de fe o de religión, sino de experiencia elemental. No es homofobia, intolerancia, o discriminación, sino simple biología. Que puedan convivir sexualmente personas del mismo sexo, nadie se lo impide, aunque no es conforme con los mandatos divinos. Que puedan tener algunos derechos, heredar, apoyarse económica y moralmente, es justo, humano y, por tanto, legal. Pero ese no es el camino para hacer familia; es todo lo contrario”, añadió.

En su mensaje de media semana a pesar de que se encuentra de vacaciones, el  prelado, puntualizó la llamada hasta ahora Suprema Corte de Justicia le parece discriminatorio que una pareja del mismo sexo (que no es matrimonio, según nuestro concepto) pueda adoptar menores, para proteger el bien del menor, su bien supremo.

Arizmendi Esquivel lamentó que la Suprema solamente se fije en aspectos como el económico, la seguridad de tener alimento, ropa, escuela, salud y bienestar material, sin tomar en cuenta factores morales, espirituales, psicológicos y sociales ;”su visión es meramente legalista y economicista”.

“No toman en cuenta que, para un desarrollo normal de la persona, necesitamos una adecuada relación con las figuras materna, paterna, fraterna y comunitaria. Sin ellas, puede uno crecer quizá con todo lo material asegurado, pero con rasgos no definidos de una personalidad masculina o femenina, pues no hay de otra; sólo hay en este mundo hombres o mujeres”, aseguró.

Finalmente dejó en claro respetan a quienes tengan otras tendencias sexuales, no bien definidas como masculinas o femeninas, quienes no deben ser insultados o marginados “pues no sabemos la raíz de lo que son o aparecen; desconocemos su historia familiar y qué puede explicar lo que viven, porque no es algo connatural al ser humano, sino fruto de experiencias vividas en la niñez y la adolescencia. Son seres humanos, dignos de todo respeto”.