* Tallada en cedro y tradición es considerada el alma de la Fiesta Grande, una celebración que se llena de arte, fe y orgullo comunitario.

Primer Plano Magazine / Noé Juan Farrera Garzón.- La máscara de Parachico es uno de los símbolos culturales más representativos de Chiapa de Corzo y todo Chiapas, y una de las expresiones artesanales más emblemáticas del sureste mexicano. Tallada tradicionalmente en madera de cedro y utilizada durante la Fiesta Grande de Enero, del 4 al 23 de enero, esta pieza concentra siglos de historia, fe, identidad y orgullo comunitario.

Desde hace generaciones, los parachicos la portan con solemnidad y alegría, en las danzas dedicadas al Señor de Esquipulas, San Antonio Abad y San Sebastián Mártir, convirtiéndola en un elemento esencial de una celebración reconocida como patrimonio vivo, que mueve corazones repletos de orgullo y tradición.

El diseño de la máscara se caracteriza por rostros serenos, a veces barbados o lampiños, con mejillas ligeramente sonrojadas, ojos claros y en algunos casos un bigote fino. Esta estética, según diversos historiadores, remite a la representación de un rostro europeo, vinculada a la leyenda de María de Angulo, la mujer española que habría inspirado el origen de la danza del Parachico.

Más allá de su apariencia, para los chiapanecos la máscara simboliza respeto, identidad, orgullo y la alegría colectiva que define a la Fiesta Grande, un puente entre el pasado y el presente de la comunidad.

La vestimenta del Parachico complementa el significado de la máscara: camisa de manga larga blanca o negra, sarape, montera elaborada artesanalmente con ixtle, con chalinas amarradas en la cintura bordadas a mano o a máquina y chinchines o sonajas hechas de morro o metal, cuyo sonido marca el ritmo de la danza y acompaña el recorrido por las calles de Chiapa de Corzo.

Cada elemento refuerza la carga simbólica de esta tradición, que se vive intensamente tanto por quienes participan como por quienes la observan.

La elaboración de la máscara de Parachico, es un proceso completamente artesanal. La madera, en muchos casos, proviene de árboles derribados por fenómenos naturales o arrastrados por el cauce del río Grijalva, lo que también habla de una relación respetuosa con el entorno.

El tallado se realiza a mano, cuidando cada rasgo del rostro, y posteriormente se pinta con esmaltes o acrílicos que dan vida y expresión a la pieza. Este conocimiento se transmite de padres a hijos o de maestros artesanos a nuevas generaciones, haciendo de cada máscara una obra única que refleja la esencia y sensibilidad de quien la crea.

Sin embargo, este patrimonio enfrenta importantes retos. La comercialización de réplicas industriales elaboradas en fibra de vidrio y vendidas a bajo costo, incluso por menos de 700 pesos, ha generado una desvalorización del trabajo artesanal, cuando una máscara auténtica puede alcanzar precios de hasta 10 mil pesos.

A ello se suma la venta forzada o el empeño de piezas originales por necesidades económicas, lo que provoca que verdaderas obras de arte terminen subvaloradas y fuera de su contexto cultural. Estos factores representan un riesgo real de pérdida de autenticidad y de reconocimiento al oficio tradicional.

La máscara de Parachico es mucho más que un objeto festivo: es un símbolo profundo de la identidad chiapaneca, con un valor cultural y espiritual incalculable. Preservar su autenticidad, apoyar a los artesanos locales y valorar el proceso artesanal, es fundamental para que este legado continúe vivo, danzando cada enero en las calles de Chiapa de Corzo y recordando al mundo la riqueza cultural de Chiapas.
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