Primer Plano Magazine/Noé Juan Farrera Garzón.- La alfarería en Chiapas es una de las expresiones culturales más antiguas y representativas del estado, al igual que en todas las culturas del continente, una práctica que hunde sus raíces en las civilizaciones mayas y zoques, donde el barro fue materia esencial para la vida cotidiana y ritual.

Desde tiempos prehispánicos, las comunidades elaboraron utensilios domésticos, vasijas ceremoniales y objetos simbólicos que acompañaban tanto la alimentación como las creencias espirituales. Con la llegada de la época colonial, esta tradición incorporó nuevas formas, moldes y sistemas de cocción, pero sin perder el uso de pigmentos naturales ni los estilos propios que distinguen a la cerámica chiapaneca hasta nuestros días.

En el contexto contemporáneo, la alfarería ha sabido adaptarse a los cambios sociales y económicos, encontrando en el turismo cultural una vía para su permanencia. Municipios como Amatenango del Valle son ampliamente reconocidos por sus figuras zoomorfas y piezas decorativas, pero en Suchiapa, al centro de Chiapas, la alfarería conserva un carácter profundamente identitario, ligado a la memoria histórica de la antigua etnia chiapaneca y a la vida comunitaria.Suchiapa y el barro2

En Suchiapa, trabajar el barro es más que un oficio: es una herencia familiar que ha pasado de abuelos a hijos y nietos, manteniendo vivas las técnicas manuales, el modelado a mano y la cocción en hornos tradicionales de barro. Ollas, jarrones, maceteras y utensilios domésticos, siguen elaborándose con paciencia y conocimiento ancestral, piezas que cumplen funciones prácticas, pero que también embellecen los hogares y narran historias de pertenencia y continuidad, como la pichancha.

A pesar del avance de la industrialización y de la presencia masiva de productos de plástico y metal, la alfarería “suchiapaneca”, se mantiene como un acto de resistencia cultural. Cada pieza representa la memoria colectiva de la comunidad y la defensa de una identidad que se niega a desaparecer. Talleres familiares y proyectos culturales como el de la señora Antonia Champo, trabajan actualmente en la preservación de este legado, impulsando su valor artístico y patrimonial, y fomentando el interés de nuevas generaciones y visitantes.

Así, la alfarería en Chiapas, y particularmente en Suchiapa, enlaza pasado y presente a través del barro y el fuego. Es una tradición viva que habla de adaptación, resistencia y orgullo cultural, y que hoy se presenta como un atractivo turístico auténtico, donde el visitante puede conocer, valorar y llevar consigo un fragmento de la historia que sigue latiendo en el corazón de la comunidad.
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