Oxchuc ingobernable (En la Mira) Héctor Estrada Lo que sería una segunda elección histórica, organizada por un órgano electoral comunitario y sin la participación de partidos políticos, terminó convertida en un zafarrancho con saldo de un muerto y varios heridos. Así fue como concluyó este miércoles el intento de elección por usos y costumbres en el municipio de Oxchuc, Chiapas.

Todo parecía transcurrir con normalidad. La plaza de la cabecera municipal estaba abarrotada. Se habían registrado 10 candidatos de los diferentes barrios y comunidades, cinco hombres y cinco mujeres para acatar las leyes de paridad electoral. Finalmente, se daba nuevamente cumplimiento al Decreto 135 que otorgó -desde 2019- a Oxchuc la facultad de organizar sus propias elecciones.

Era el medio día y el órgano electoral comunitario casi había concluido el proceso de votación, sin ningún contratiempo mayor, cuando todo se salió de control. La elección, a mano alzada, con la presencia de medios de comunicación locales y nacionales, estaba cerrada prácticamente entre dos candidatos (Hugo Gómez Santiz y Enrique Gómez López). El primero en ser sometido a votación fue Hugo. El número de manos alzadas a su favor parecía ser contundente, por lo que la paz se mantuvo casi hasta el final.

El último en ser votado fue Enrique. Los votos a su favor mostraron una ligera ventaja a simple percepción, y el presidente del órgano electoral comunitario, quien coordinaba el proceso, no dudó en señalarlo... Ahí fue cuando todos los “pactos de civilidad” se esfumaron. Hugo Gómez expresó de inmediato su inconformidad, para luego tomar el control del “templete” y arengar a sus simpatizantes contra el inminente resultado.

“El presidente municipal quiere imponer a Enrique y no lo vamos a permitir. No es posible que se determine una mayoría cuando no hay certeza de los votos”, dijo Hugo Gómez, enfurecido ante la posible oficialización de resultados que no lo darían como ganador. El presidente del órgano electoral anunció rápidamente la cancelación del proceso hasta que hubiera condiciones, y el enfrentamiento violento entre ambos frentes se desató.

Integrantes del propio órgano electoral comunitario fueron tomados como rehenes dentro de una escalada de violencia que convirtió a Oxchuc por varias horas en un verdadero polvorín. Numerosos cohetones fueron detonados como proyectiles, automóviles incendiados y edificios vandalizados llenaron las calles de la cabecera municipal, mientras los pobladores corrían para resguardarse.

Sin embargo, fue la irrupción de un grupo armado lo que terminó por teñir de sangre al caos. Las imágenes, viralizadas en redes sociales, dejaron evidencia del ingreso de hombres fuertemente armados, con rostros tapados, entrando al centro de la cabecera municipal disparando a mansalva. El saldo oficial fue de un muerto y al menos 10 heridos.

Lo sucedido este miércoles en Oxchuc ha demostrado que la violencia electoral y política en los municipios indígenas de Chiapas hoy está más allá de los partidos políticos, pues se ha impregnado en las estructuras sociales. Los grupos armados son la herencia más clara y alarmante de la vieja disputa entre fuerzas políticas para mantener el control dentro de los pueblos originarios.

Los han empobrecido, armado, extorsionado, enfrentado y desplazado durante décadas para mantener los jugosos bastiones electorales. Por eso la violencia política no va a ser tan sencilla de erradicar. Se han acostumbrado a imponer así sus condiciones. Con Oxchuc ha quedado demostrado que no importan quién organice las elecciones o cuales sean los modelos de postulación (apartidista o no); la disputa sangrienta seguirá ahí, porque los intereses de poder y sus artífices siguen detrás de todo y a pesar de todo… así las cosas.