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Pactos de Obrador y Biden aprietan “nudo migratorio” en Chiapas (En la Mira) Héctor Estrada Sin que mucho se diga al respecto, la crisis humanitaria en ciudades fronterizas de Chiapas como Tapachula y Ciudad Hidalgo se ha agudizado durante las últimas semanas. Ya sin Trump en la Casa Blanca y sin las masivas caravanas migratorias provenientes de Centroamérica, el arribo multitudinario de migrantes ha cambiado de dinámica o procedencia, pero sigue teniendo como destino el mismo “nudo geográfico” al sur de México.

Sí, es verdad, las masivas caravanas que acapararon la agenda mediática en los últimos años han prácticamente desaparecido. Sin embargo, la numerosa llegada de migrantes a las estaciones fronterizas de Chiapas NO.  Ahora están arribando desde el norte, desde los Estados Unidos, en una oleada de deportaciones aéreas inusuales, de las que nada se dice en los medios de comunicación, pero que están saturando la capacidad de atención gubernamental y humanitaria.

De acuerdo a declaraciones hechas por Luis García Villagrán, activista y director del Centro de Dignificación Humana, durante los últimos días un aproximado de ocho aviones provenientes de Estados Unidos han arribado al aeropuerto de Tapachula con cientos de migrantes deportados. El último de ellos fue un vuelo directo de McAllen, Texas, con más de 130 migrantes.

A decir del reconocido activista en materia migratoria (García Villagrán), la dinámica ha cambiado desde la llegada de Joe Biden a la presidencia de los Estados Unidos y los nuevos pactos establecidos con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador para: generar un tapón fronterizo entre Chiapas y Guatemala, facilitar la deportación de inmigrantes hacía la frontera sur de México y dejarlos varados en la región, complicando o aletargando los trámites dentro del Instituto Nacional de Migración (INM).

Según datos del propio Centro de Dignificación Humana, se estima que actualmente entre Tapachula y Ciudad Hidalgo existen poco más de 70 mil migrantes varados. La mayoría de ellos a la espera de los permisos para su tránsito legal por México o la respuesta a su solicitud de asilo. Su situación ha “saturado” los sistemas del INM, aplazando varios meses las fechas para agendar una cita a fin de iniciar sus trámites.

Hoy muchas de las citas se están agendando hasta para el mes diciembre, con tiempos de respuesta aún más largos; aun cuando la ley estipula un plazo no mayor a 30 días para resolver la situación migratoria de las personas indocumentadas en nuestro país. No obstante, ese no es el único problema. El escenario propiciado por las autoridades mexicanas, con la evidente complicidad del gobierno estadounidense, también ha incentivado la proliferación de defraudadores que negocian con la desesperación de los migrantes mediante falsas promesas de “trámites agilizados”.

La crisis humanitaria ha llegado a niveles alarmantes sin que ninguno de los tres niveles de gobierno diga o haga algo al respecto. La frontera sur de México, específicamente las ciudades de Tapachula y Ciudad Hidalgo, se han convertido en un “embudo fronterizo” o centro de retención migratorio multitudinario que se agudiza con el paso de las semanas, y podría “estallar” en cualquier momento.

No han sido gratuitas las constantes visitas y llamadas entre Kamala Harris y Obrador durante los últimos días. Finalmente, los nuevos acuerdos extraoficiales entre México y el gobierno de Estados Unidos siguen metiendo en serias complicaciones a la endeble frontera del sur mexicana. Antes con las sospechosas caravanas masivas desatadas durante la administración de Donald Trump, con sus arrebatos y amenazas públicas, y ahora con las nuevas condiciones discrecionales de Biden para someter nuevamente a México a hacer otra vez el trabajo sucio de “patio trasero”… así las cosas.