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 Las posibilidades de Emilio Salazar para el 6 de junio (En la Mira) Héctor Estrada Los plazos para concretar definiciones rumbo a la contienda por el ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez están a punto de cumplirse y las disputas internas cada vez se han vuelto más cerradas. En la alianza “Va por Chiapas” las posibilidades se han reducido prácticamente a sólo dos opciones reales: Emilio Salazar Farías y Willy Ochoa Gallegos... Pero qué sucedería si los acuerdos se declinaran por el primero de ellos.

Con la salida de Francisco Rojas Toledo de la contienda interna a fin de encabezar la fórmula electoral con Movimiento Ciudadano, el camino para Salazar y Ochoa ha quedado practicante despejado. Emilio Salazar es un viejo conocido no sólo dentro del mundo de la política local, sino también por su inevitable relación con una de las escuelas privadas más conocidas e importantes de la capital chiapaneca.

A diferencia de lo que ha sucedido con otros personajes de la política chiapaneca, Emilio Salazar no saltó de las boletas electorales y los cargos públicos al mundo de los “negocios”, por el contrario, es un empresario, heredero de una reconocida familia dedicada al negocio educativo, que durante los años noventas decidió incursionar en el servicio público federal y estatal.

Sin embargo, fue hasta el año 2007 cuando comenzó verdaderamente su carrera político-electoral, contendiendo por primera vez por una diputación dentro del Congreso de Chiapas, bajo la bandera del Partido Acción Nacional (PAN). No obstante, el inicio de su carrera dentro de los procesos electorales y el ascenso de Juan Sabines Guerrero al gobierno de Chiapas se convirtieron en una poco conveniente coincidencia que determinaron sus posibilidades a corto plazo.

El conocido encono que Sabines Guerrero tomó en contra de Salazar Farías por un hecho ocurrido en 1998 cuando el ahora ex gobernador recién llegó a Chiapas complicó las aspiraciones del entonces panista durante ese sexenio. Para nadie es un secreto que desde hace ya poco más de 15 años Emilio Salazar ha advertido insistentemente sus claras intenciones de contender, desde ese entonces, por la capital del estado.

Los planes orquestados desde la ya extinta Casa de Gobierno y el escándalo mediático -también impulsado desde el mismo sitio- debido a la aprobación de la Cuenta Pública del propio Juan Sabines Guerrero terminaron por sacarlo de la jugada, primero para entregar la candidatura a Yassir Vázquez Hernández (en 2010) y después a Samuel Córdova Toledo (en 2012).

Con la llegada de Manuel Velasco Coello, en otra de sus decisiones más criticadas, Salazar Farías decidió integrarse al Partido Verde Ecologista de México (PVEM) con el que alcanzó por segunda vez un escaño en el legislativo estatal. El objetivo político seguía siendo exactamente el mismo, pero las cosas tampoco le resultaron.

Y es que, si bien la relación con Velasco Coello era menos tensa que con Sabines Guerrero, finalmente Emilio Salazar no era parte del equipo cercano dentro del “gobierno verde”. Su presencia en el escenario político estatal significaba una alianza potencial externa, pero nunca un alfil viable para los espacios de poder importantes dentro de la entidad.

Y finalmente le terminó sucediendo lo mismo que con el “Sabinato”. Sus aspiraciones acabaron siendo aplastadas por la imposición de Fernando Cal y Mayor en 2015 y en 2018 por Carlos Penagos, para ser relegado a una candidatura por el Distrito X, con sede en Comalapa, destinada desde su asignación a la derrota, que a fin de cuentas terminó ganando.

Hoy las cartas de Emilio Salazar se encuentran nuevamente en manos del Partido Acción Nacional, como posible candidato externo dentro de la alianza “Va por Chiapas”. Su único obstáculo es vencer en las definiciones a Willy Ochoa Gallegos para finalmente conseguir la ansiada candidatura por el ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez. Sin embargo, de así suceder, el panorama no se ve tan sencillo.

Emilio Salazar tendrá que enfrentar a dos principales fórmulas electorales opositoras en junio próximo. La primera abanderada por Morena, aún sin candidato aparentemente definido, y la otra encabezada por Francisco Rojas Toledo desde Movimiento ciudadano, quien ya trae “en la bolsa” un voto duro bastante identificable.

Más allá de sus saltos entre partidos políticos y el asunto de la cuenta pública “sabinista”, Salazar Farías tiene como puntos a favor no tener a cuestas escándalos de corrupción comprobables en el servicio público, antecedentes de desfalcos dentro del erario y enriquecimiento súbito; además de que su nombre, pero sobre todo la referencia de su apellido, son ampliamente identificables entre la militancia panista y la población de la capital estatal.

El tiempo se agota para las definiciones y las cartas de Salazar Farías se encuentran sobre la mesa para una de sus últimas jugadas. Ya sin la injerencia de Sabines Guerrero y Manuel Velasco las posibilidades para el empresario parecen tener mayor viabilidad, avizorando una fórmula suigéneris con el priista Willy Ochoa Gallegos que deberá tomarse muy en serio para la contienda que se viene en Tuxtla Gutiérrez… así las cosas.