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La violencia sexual también se esconde en las aulas (En la Mira) Héctor Estrada “Luego por eso las matan”, fueron las palabras del profesor identificado como Héctor Alonso Álvarez Chang, director de obstetricia dentro de la misma Facultad de Medicina Humana donde estudiaba Mariana Sánchez. El video fue expuesto en días recientes mediante la plataforma “Alzando la Voz UNACH” que los propios estudiantes han habilitado para denunciar los casos de acoso, misoginia y violencia sexual dentro de la institución.

El material publicado se da justo unos días después de que Mariana fuera encontrada muerta en la comunidad de Nueva Palestina, Ocosingo, donde prestaba su servicio social. A decir de sus compañeros y familiares, la joven ya había informado desde hace meses que era víctima de hostigamiento sexual dentro de la misma clínica, pero ni sus superiores en la universidad o la Secretaría de Salud le hicieron caso.

Mariana se ha convertido con el paso de los días en “la chispa final” que ha desatado la furia entre sus compañeras dentro de la Autónoma de Chiapas, y otras tantas instituciones que se han unido a las protestas de indignación por el doloroso caso. Y es que, la violencia sexual contra estudiantes, prestadoras de servicio social e internado no es asunto nuevo. Se ha denunciado durante años, incluso desde el interior de las propias facultades.

En marzo de 2020 un conjunto de novedosas protestas denominadas “Tendederos del Acoso” pusieron “el punto sobre la sien” al interior de los bachilleratos y universidades de la entidad. Bajo la iniciativa de las propias estudiantes, cientos de mujeres jóvenes y adolescentes colocaron sobre papeles y tendederos el nombre de los presuntos acosadores, misóginos y violentadores sexuales que durante años habían vivido en la de anonimato que les otorga su estatus de poder.

Se trata de un asunto bastante advertido. Esta vez ha sido nuevamente esa generación que, impulsada al borde por la indignación de lo sucedido con Mariana, ha decidido sacudir los cimientos y exigir la extirpación de la violencia en todos espacios, con marchas enfurecidas, plataformas de denuncia en redes sociales, nuevos colectivos feministas universitarios y dinámicas novedosas de denuncia pública.

Es ahí donde está lo valioso de lo que hoy sucede. Se trata indudablemente de un cambio generacional que ha tomado por sorpresa a muchos y muchas. Niñas, adolescentes y jóvenes mujeres que han decidido romper patrones de comportamiento normalizado durante generaciones, donde la relación de poder entre docentes y estudiantes había roto -desde hace mucho- los límites de la ética y el respeto.

Y es que, hablando con absoluta honestidad, el acoso y la violencia de género al interior de las escuelas no son realidades que nos tomen por sorpresa. Quienes somos de generaciones estudiantiles más añejas sabemos perfectamente que era una realidad cotidiana, que se volvió prácticamente habitual. Los comentarios misóginos, intercambios de favores y la sexualización de las alumnas se normalizaron.

Todos y todas sabían perfectamente el nombre de los profesores que acosaban, que pedían “gratificaciones” a cambio de mejores calificaciones y hostigaban a quienes simplemente no eran de su agrado. Pero preferimos ignorarlo, convertirlo en la jerga estudiantil (muchas veces en tono de burla) y -en la mayoría de los casos- guardar silencio, por temor o indiferencia.

Tras los comentarios misóginos expuestos en video la Universidad Autónoma de Chiapas anunció que inició ya el proceso de baja al académico. Sin embargo, la agrupación Brujas: Colectiva de Feministas Universitarias asegura que aún hay muchos expedientes de violencia sexual cometida por personal de la propia universidad contra estudiantes, en manos de rectoría, que siguen en la absoluta impunidad.

Lo sucedido con el profesor Héctor Alonso Álvarez y sus grotescas aseveraciones son sólo una pequeña muestra de lo que sucede y ha sucedido durante décadas al interior de las instituciones educativas. Son ejemplo claro del mismo machismo y violencia sexual que le arrebató la vida a Mariana y está enraizada en las mismas propias escuelas, exigiendo a gritos una sacudida drástica para cambiar las cosas de fondo... así las cosas.