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Las deficiencias en los servicios de emergencias también las está matando (En la Mira) Héctor Estrada Eran las tres de la madrugada en el barrio San Pascualito de Tuxtla Gutiérrez. Ella gritó que la querían violar y pidió auxilio para que llamaran a la policía. Los vecinos marcaron reiteradamente a los teléfonos de emergencia (911) para reportar los hechos, pero las patrullas llegaron hasta las 5:40 de la mañana. Cuando los elementos policiacos ingresaron al lugar era demasiado tarde; ya estaba muerta sobre un charco de sangre.

Los hechos ocurrieron el 29 de noviembre en la capital chiapaneca y han desatado la indignación generalizada sobre la pregunta inevitable: ¿de qué sirve entonces pedir auxilio a Seguridad Pública en un hecho de suma urgencia como ese? 

Y es que la demora es injustificable. De acuerdo a versiones de quienes realizaron las llamadas de auxilio al 911, los primeros reportes se realizaron a las 3:30 horas de la madrugada cuando se escucharon los primeros gritos. Desde ese momento, hubo llamadas insistentes para exigir la presencia de uniformados, pues se trataba de un complejo de departamentos al que era difícil de ingresar.

Los minutos se convirtieron en horas. La primera patrulla arribó al lugar hasta la 5:40 de la mañana. Desde hace varios minutos los gritos desgarradores habían dejado de escucharse. La policía demoró alrededor de dos horas en llegar a atender el llamado de auxilio sobre una presunta violación (hasta ese momento). Cuando abrieron las puertas ya nada se podía hacer. La joven de aproximadamente 25 años había sido asesinada y el victimario había escapado.

¿Por qué la policía demoró tanto en llegar? ¿De qué sirven entonces los protocolos de actuación en torno a la Alerta de Violencia de Género? ¿Quién las y nos cuida en situaciones de alto riesgo reportadas? Y ¿De qué sirven los números de emergencia como el 911 en casos como ese?

Son dudas que surgen ante lo ocurrido la madrugada del pasado sábado. Y es que, el 911 es justo un mecanismo de emergencias que de nada sirve con tiempos de respuesta tan largos. Se trata de un servicio vinculado de manera directa a la Dirección Estatal de Control, Comando, Comunicación, Cómputo e Inteligencia (C4i), dependiente de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, que tiene como función principal ser la primera respuesta inmediata ante situaciones de auxilio.

Por eso lo sucedido el pasado 29 de noviembre no es un suceso que deba tomarse a la ligera, por que ha hecho evidente de la peor manera (con un desenlace fatal) el riesgo al que estamos expuestos todos y todas, ante una deficiente capacidad de respuesta que, si bien no puede ser la constante, no nos garantiza nada al estar frente a una urgencia de vida o muerte que requiera la atención policial.

La muerte de la jovencita violada y asesinada la madrugada del sábado duele en lo más profundo, porque nadie estuvo ahí para auxiliarla, porque de nada sirvió que sus gritos desgarradores de auxilio fueran escuchados, por que para ella la deficiencia o indiferencia de los sistemas de emergencia le costaron la vida, porque estuvo sola en medio de tantos que sabían de su agonía y nada hicieron por ayudarla.

Si bien los feminicidios son un problema de fondo social difícil de combatir y erradicar, las deficiencias en los mecanismos de atención complican drásticamente la situación. Lo ocurrido hace unos días no puede desestimarse, debe servir para replantear algunas cosas, sancionar a los responsables y mejorar protocolos de atención. Y es que, de nada servirá tanto discurso y vanagloria al combate contra la violencia de género, si las fallas en los sistemas de seguridad también les sigue costando la vida… así las cosas.