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En Chiapas, encuestas electorales que ya nadie cree (En la Mira) Héctor Estrada Con la proximidad de las definiciones rumbo al proceso electoral de 2021 las campañas simuladas, a través de supuestas encuestas y sondeos, también han hecho su aparición entre el debate público de la entidad chiapaneca. Algunas con resultados tan inverosímiles que terminando conviértanse en motivo de burlas para el escrutinio mordaz de las redes sociales.

El más reciente ejercicio de ese tipo ocurrió el pasado lunes con la “filtración” de un supuesto sondeo, realizado por una presunta empresa de nombre Meba, sobre posibles candidatos al gobierno de Tuxtla Gutiérrez donde los resultados perfilaban como ganador en las preferencias electorales al personaje menos conocido y popular de todos los mencionados.

Las mofas y descalificaciones contra los resultados del supuesto sondeo, que simuló ser filtrado entre medios electrónicos y periodistas, no tardaron en aplastar las intenciones originales de quienes trataron de “vender” los resultados como reales. Y es que, este tipo de automoción política previo a la elección interna de candidatos no es nada nueva y ya hasta bastante predecible.

Con la cantidad de información e interacción que ofrecen hoy las redes sociales, este tipo de tretas parecen haber quedado obsoletas, sin efectos reales y hasta con resultados contraproducentes. Tratar de engañar a la gente con gráficas confeccionadas a modo para colocar o imponer a candidatos ya no funciona como antes, cuando el control de los medios de información estaba supeditado a unos cuantos.

Ahora se necesita mucho más que encuestas o sondeos amañados para cambiar percepciones públicas y mucho más para intentar influir en quienes realmente determinan la asignación de las candidaturas al interior de los particos políticos. Y es que, si al final de cuentas las candidaturas van a terminar siendo otorgadas por pactos políticos o poderes económicos, sin relación real con los índices de aprobación o popularidad, gastar dinero y esfuerzos en encuestas “engañabobos” resulta francamente innecesario.

Los nuevos modelos de comunicación han terminado de desnudar viejas prácticas políticas que antes parecían infalibles. La manipulación de resultados cometida por grandes encuestadoras y los fraudes documentados por miles de ciudadanos o reportes gráficos en redes sociales han sentenciado a la antigua forma de manipulación política en México, sin que los partidos y sus figuras hayan podido sobreponerse.

La nueva realidad mediática, plagada de voces sin restricciones, opiniones listas para refutar argumentos, testigos presenciales y lentes dispuestos a la documentación gráfica, exigen una forma de hacer política en México mucho más inteligente. Manipular percepciones o cambiar el sentido de la opinión pública para ganar elecciones ya no es tan sencillo.

Los procesos electorales de la última década han puesto de manifiesto que se requiere de mayor astucia, capacidad e intelecto para conseguir votantes o esconder irregularidades electorales. Por eso los comicios de 2021 serán un ejercicio interesante que abrirá mayores perspectivas rumbo al 2024 y seguramente dará muchas más sorpresas que las previstas; más allá de encuestas o sondeos sinsentido… así las cosas.