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Administrar el desastre (Artículo Único) Ángel Mario Ksheratto Aunque el optimismo gubernamental es grande y las cifras prometedoras, la realidad en los hospitales, es deprimente desde el punto de vista que se le quiera ver; en la mayoría de éstos (normales y adaptados), los pacientes del Coronavirus buscan la atención médica apropiada, misma que el personal médico apenas puede ofrecer, debido a la falta de insumos, camas, ventiladores, instrumental e indumentaria adecuada para su protección.

Ante ello el gobierno federal hace esfuerzos desesperados para matizar la crisis, pero las consecuencias de los errores cometidos, son igualmente devastadoras que la pandemia misma, de tal manera que la incapacidad para contenerla, es ya, un escándalo internacional que le complica al presidente López, su estancia en Palacio Nacional.

La respuesta a la crítica y los llamados a transitar por la experiencia de los países que han tenido relativo éxito en el combate al Coronavirus, es la condena a la libertad de expresión y la supresión automática del derecho a la información, organizando “conferencias de prensa”, a la que solo asisten medios afines al gobierno y comunicadores oficialistas que siguen al pie de la letra, un guion vergonzante que tiene como objetivo, propagar el odio del gobernante.

Aceptar errores y corregir decisiones polémicas, es lo que menos hará el gobierno de López Obrador; al contrario, ha fustigado a las naciones que tomaron medidas drásticas, alegando una inexistente defensa de libertades y derechos de los mexicanos, mientras que, en la práctica, intenta despojar a los otros Poderes de sus facultades y obligar a los Medios de Comunicación, a publicar solamente la información que sale de sus oficinas.

Es claro que el Gobierno de la República, busca solamente administrar los efectos de la pandemia, “dosificando” datos irreales y maquillando cifras que a la larga, resultará en una treta para, en su momento, ajustar los números a las circunstancias y necesidades políticas y económicas del presidente. De ahí la sospecha del ocultamiento de los números reales sobre infectados y muertos.

Es decir, si para cuando inicie el año electoral (que por lo menos en Chiapas se recorrió hasta enero del 2021) la prioridad fuere el mercado de votos, la conveniencia será reducir considerablemente las cifras, para convencer al electorado que las “estrategias” contra el Covid-19, fueron efectivas y por tanto, menester será mantener el voto a favor del partido gobernante.

Si, por el contrario, se tuviere la necesidad de obtener recursos financieros para la captación de votos que beneficien a MORENA, tendrían la opción de inflar esas cifras, lo que permitirá el uso del presupuesto de la nación, facultad que el mismo Congreso de la Unión, ha querido otorgar exclusivamente al Ejecutivo.

Estirar las fases de la epidemia, alargar los periodos de la curva ascendente y aplazar el aplanamiento son, claramente, tácticas dilatorias; y no porque así sea el comportamiento de la enfermedad, sino porque se está manipulando, deliberadamente, la información oficial, para hacernos creer que la mitigación, está siendo efectiva.

Es un error solo mitigar la expansión; países como Holanda, Nueva Zelanda, el Reino Unido, Suiza y otros, han luchado para eliminar el virus y lo están logrando; desde finales de abril, Nueva Zelanda lo logró, porque desde los primeros casos detectados, tomó medidas drásticas y llevó a cabo acciones paralelas eficientes en materia de salud pública. En ese país, solo hubo mil 500 contagios y 19 fallecidos.

¿Cuál ha sido la diferencia entre Nueva Zelanda y México? El gobierno de aquel país, cerró sus aeropuertos, puertos; prohibió la entrada y salidas de comunidades donde se detectaron casos, impuso cuarentena obligatoria a sus ciudadanos que, por causas mayores se movilizaron de un lugar a otro, bloqueó las entradas a las ciudades y llevó a cabo un extenso programa de pruebas a casi toda la población. Así mismo, realizó test’s y rastreo exhaustivo de todos los contactos de los contagiados y los sometió a cuarentena; cerró playas, restaurantes, parques, museos, mercados, plazas, escuelas, etc., etc.

Otro país que ha resaltado por sus resultados, ha sido Vietnam; solo tuvo, hasta la primera semana de mayo, 268 infectados y ni un solo muerto. Implementó las mismas medidas de Nueva Zelanda, y el gobierno, ordenó la entrega de tres kits de pruebas a cada uno de sus 90 millones de habitantes, obligándoles a detallar, a los contagiados, su red de relaciones a los que se rastreó con efectividad.

En México, casi no hubo restricciones; los vuelos siguieron siendo normales, al grado de ofrecer, el gobierno de AMLO, ser anfitrión de pasajeros con destino a Estados Unidos, tras el cierre de aeropuertos en el vecino país. El confinamiento, es voluntario, lo que ha generado que casi el 50 por ciento de mexicanos, siga con sus actividades normales, aun en plena etapa tres. Empresas ligadas al gobierno federal, se han negado a cerrar operaciones.

Hasta éste lunes, 11 de mayo, no se habían realizado ni 150 mil pruebas, de acuerdo a los números presentados por Hugo López-Gatell, subsecretario de Salud. Había hasta hace 24 horas, más de 35 mil infectados y 3 mil 465 muertos.

Para tener un ejemplo cercano y poder hacer un comparativo claro, veamos hacia Guatemala; ahí, el gobierno cerró todas sus fronteras, prohibió vuelos internacionales, restringió la movilidad interna e incluso, impuso un toque de queda; hasta el domingo pasado, sólo tenía mil 52 contagios y 26 muertos.

En estados Unidos, hasta las últimas horas, se contabilizaba un millón 300 mil infectados y casi 80 mil muertos; en ese país, el presidente, actuó tardíamente, desoyó (como aquí), las recomendaciones de la OMS e incluso, llegó a decir que la pandemia, no existía. Lo mismo ocurrió con Jair Bolsonaro, de Brasil y lleva ya, 163 contaminados y más de 11 mil muertos.

La proyección del gobierno mexicano, a principios de la pandemia, era de entre 5 y 7 mil muertos hasta llegar a la curva de descenso; si esa proyección fallare, como ya se está viendo, habrá fracasado una administración federal insensible y habrá ganado la indiferencia y la torpeza.

Insisto: al Coronavirus no hay que mitigarlo; hay que contenerlo y eliminarlos. Ya es tarde para eso, pero algo se podría rescatar todavía, si se tuviere voluntad.

Transitorio

Y mientras miles mueren por el Covid-19, el presidente López, peleando con medio mundo; su odio, no tiene límites. Parece chamaquito.