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Que un payaso aspire al poder público o que un hombre dedicado a patear pelotas busque, igual que cualquier diva o galán de telenovela, ser alcalde o diputado, parece estar escandalizando a los mexicanos. Los dueños del dogma político tradicional, asumen que esa es una tarea reservada para los “políticos profesionales”; los escépticos creen que es algo que debe verse desde una perspectiva populista

 

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Me venía reservando la libertad de escribir sobre el tema, para conservar la independencia frente a lo que otros hacen en favor de sus propios intereses. En las fiestas como en los pleitos, los “colados” no siempre son bienvenidos. Tomé la determinación de hacerlo, en aras de rescatar el buen nombre de un periodismo aldeano, vilipendiando por miles, apreciado por solo unos cuantos. También por dar a la lucha social, el sentido comunitario que se ha perdido entre intereses mezquinos y ambiciones personales que, frustradas las pretensiones, se convierte en el combustible para atizar el odio, la discriminación y el rencor, basados en mentiras abominables que nos hacen ver a todos, como salvajes sin remedio.